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martes, junio 18, 2024
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Demencia: advierten por “factores ocultos” que inciden en su aparición

Un artículo publicado en The Lancet Healthy Longevity analiza el peso de las desigualdades de género y socioeconómicas.

Conocer los factores de riesgo de una enfermedad es fundamental para poder prevenirla. ¿Qué ocurre cuando hay variables que inciden en su aparición, pero las desconocemos? Precisamente este eje, en vinculación con la demencia, es abordado en un artículo publicado recientemente en la revista The Lancet Healthy Longevity.

Si tenemos en cuenta que la enfermedad de Alzheimer preocupa a nivel global, y se estima que un tercio de los pacientes tienen factores de riesgo modificables -como el cigarrillo, el sedentarismo, la obesidad, el colesterol, la diabetes y la hipertensión-, este tipo de publicaciones adquiere mayor relevancia.

Precisamente porque no son los únicos: otras cuestiones también pueden tener una incidencia en su aparición.

Cómo prevenir demencias a lo largo de la vida

Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de Fleni y una de las autoras del artículo, menciona que son 12 los factores conocidos para prevenir cualquier demencia, no solo la enfermedad de Alzheimer: algunos en la edad temprana, otros en la edad media, otros en la edad adulta.

“De modificarse, podrían prevenir o retrasar la enfermedad en alrededor de 40% de los casos en todo el mundo. En los primeros años de vida, el principal factor es la educación; durante la mediana edad los riesgos son pérdida de audición, lesión cerebral traumática, hipertensión, abuso de alcohol y obesidad”, enumera.

Mujeres cuidando mujeres: proponen revisar el rol que se les asigna a ellas. Foto Shutterstock.Mujeres cuidando mujeres: proponen revisar el rol que se les asigna a ellas. Foto Shutterstock.

“En etapas posteriores de la vida, los factores de riesgo son el tabaquismo, depresión, aislamiento social, inactividad física, diabetes y contaminación atmosférica. Sin embargo, no son totalmente representativas de la realidad de los países de América Latina y el Caribe”, advierte.

Preocupada precisamente por indagar cuáles son las cuestiones propias de estas latitudes que pueden incidir en la prevalencia de esta enfermedad, Crivelli repasa junto a las coautoras Fabiana Ribeiro y Anja Leist (de la Universidad de Luxemburgo) estudios anteriores en relación a factores de riesgo socioeconómicos modificables para la demencia, a partir de lo que postulan otros factores perjudiciales, usualmente ocultos.

Causas orgánicas vs causas socio-culturales

Uno de los disparadores del artículo está vinculado a la relación entre el género y la enfermedad de Alzheimer: se sabe que es una patología más prevalente en ellas. De hecho, 2 de cada 3 pacientes son mujeres.

Clarín le consultó a Crivelli respecto a las causas que hasta ahora se tomaban como válidas para explicar la alta prevalencia de la demencia en mujeres. Si bien en un primer momento se atribuyó al hecho de que ellas viven más tiempo, luego surgieron otras hipótesis.

“Algunas tienen que ver con el sistema inmune: la amiloide, que es la proteína del Alzheimer, se acumula más en las mujeres  debido a que tienen un sistema inmune más fuerte porque están preparadas para tener hijos. Esta hipótesis no está descartada pero tampoco está comprobada”, sostiene.

Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de Fleni y una de las autoras del estudio. Foto gentileza.Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de Fleni y una de las autoras del estudio. Foto gentileza.

Por otro lado, menciona la explicación que lo vincula a lo hormonal: “El momento de la caída de los estrógenos en la menopausia podría vincularse al Alzheimer, pero tampoco está probado: no hay nada que nos diga que a nivel genético, inmunológico u hormonal el Alzheimer tenga más justificación en las mujeres que en los hombres”, admite.

Por eso, explica que investigaron la dimensión socioeconómica y cultural: “Lo más consistente es la desigualdad que hay respecto al cuidado de nuestra salud y en el acceso a los servicios si se compara con el que tienen los hombres”, analiza.

La demencia en Latinoamérica

En este escenario, las autoras subrayan la necesidad de incluir la perspectiva de género a la hora de evaluar los factores de riesgo de demencia en países de América Latina y el Caribe, donde existen algunas de las tasas más altas del mundo de diferencias estructurales persistentes entre grupos socioeconómicos, denominadas desigualdades verticales, y entre hombres y mujeres, llamadas desigualdades horizontales.

“La demencia, que es un síndrome que se caracteriza por disfunción cognitiva que suele empezar por la memoria en muchos casos, y termina con la pérdida de autonomía de la persona; puede tener muchas causas. La más frecuente es la demencia de tipo Alzheimer”, introduce Crivelli.

El 60% de los casos de Alzheimer están en países de Latinoamérica y el Caribe. Foto Shutterstock.El 60% de los casos de Alzheimer están en países de Latinoamérica y el Caribe. Foto Shutterstock.

Y añade: “En las demencias, dos tercios de la población son mujeres. Y el 60% de las personas con demencias viven en países de medianos y bajos ingresos. Por eso es que es tan pertinente evaluar y ver qué está pasando con la demencia con las mujeres y con Latinoamérica”.

Teniendo en cuenta entonces que esta enfermedad afecta más a las mujeres, en el artículo se analiza qué es lo que podría influir en la prevalencia e inicio de la demencia en ellas.

“Es necesario incorporar los factores de riesgo ocultos en las investigaciones, con el fin de lograr información de alta calidad que pueda alentar políticas públicas para mejorar la salud de las mujeres”, enfatiza.

“Las desigualdades de género y socioeconómicas en la región impactan en la prevalencia de la demencia en mujeres”, alertan las autoras y explican que los roles de género tienen efectos -directos e indirectos- en la demencia y su impacto desproporcionado en las mujeres.

Factores de riesgo en las mujeres

“Sabemos que las mujeres tienen mayores factores de riesgo en algunas áreas, por ejemplo un artículo publicado en 2022 en Alzheimer and Demencia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring (DADM) se comparan factores de riesgo para demencia en Chile, y muestra que mientras en hombres rondaba el 40%, en mujeres superaba el 50%. Las mujeres presentaban un riesgo aumentado de tener demencia”, asegura.

Ahora bien, ¿en qué sentido y por qué están ellas más expuestas a la demencia? Son varias las cuestiones que inciden: “Desde el acceso a la educación y oportunidades profesionales, embarazo adolescente, la malnutrición, la violencia de género, el tabaquismo y el consumo de alcohol; como también los efectos directos e indirectos de estos roles de género impactan en el riesgo de demencia”.

El embarazo adolescente tiene muchas implicancias en la salud física y mental de las mujeres, así como en su fututo. Foto Shutterstock.El embarazo adolescente tiene muchas implicancias en la salud física y mental de las mujeres, así como en su fututo. Foto Shutterstock.

En el caso de la violencia de género, indica “Nosotras planteamos en este artículo que hay factores inexplorados, factores ocultos, desconocidos, que tenemos que empezar a estudiar. Y tienen que ver por ejemplo con la violencia familiar: las mujeres están mucho más expuestas a traumatismos de cráneo por episodios de violencia y generalmente esto no está reportado ni tiene atención médica”.

En cuanto al embarazo adolescente, advierte: “Otra cosa muy importante que planteamos en la nota, que a mí me parece central e innovador, es que en Argentina el 19% de los embarazos se da en mujeres entre 15 y 19 años, e incluso en algunas provincias más pobres, hasta el 25% de los embarazos son embarazos adolescentes”.

Y ejemplifica: “Eso significa que esas mujeres dejan de estudiar, dejan el secundario, empiezan a cuidar a su hijo, generalmente incurren en conductas de mala nutrición que se perpetúan en el hijo que van a tener, y además después empiezan a asumir el rol de cuidadoras y también cuidan a la madre que tiene Alzheimer en la casa”.

“Se genera un círculo de pobreza, mala nutrición, poco apoyo social y muchas veces termina en consumo problemático de sustancias, entonces todas las intervenciones que se puedan hacer en las madres jóvenes son muy importantes”, subraya.

Justamente el hecho de que sean ellas las que adquieran el rol de cuidadoras, de los hijos o de las personas enfermas o mayores de la familia, es una de las cuestiones a tener en cuenta. “Mientras dos de cada tres personas con Alzheimer son mujeres, dos de cada tres cuidadores de personas con Alzheimer son mujeres”, plantea.

“No me da la matemática: somos mujeres cuidando mujeres”, ironiza. “Somos las enfermas y las cuidadoras que después van a ser las enfermas: estamos en el centro de la enfermedad desde la perspectiva del cuidador y del paciente.”

“Según el sitio Women and Alzheimer, es más probable que una mujer de 60 años tenga Alzheimer, a que que tenga cáncer de mama, y están todos haciéndose el estudio de cáncer de mama, y no pruebas de memoria”, reflexiona Crivelli.

La reserva cognitiva

A pesar de que el factor de género es central, no puede desconocerse otro, asociado a la clase social.

“La desigualdad socioeconómica exacerba las diferencias de género: las mujeres que pertenecen a estratos socioeconómicos más bajos, generalmente tienen menor nivel educativo que los hombres de ese mismo nivel socioeconómico y también asumen roles que tienen más que ver con el cuidado de los hijos y de los adultos mayores”, destaca.

Y añade: “En cambio, en los niveles socioeconómicos más altos, la mujer tiene ayuda para suplir esas tareas de cuidado y accede a un nivel educativo más alto. Sabemos que el nivel educativo es una de las bases más fuertes de la reserva cognitiva, que es esta capacidad que tenemos de protegernos frente a los síntomas neurológicos a raíz de una fortaleza de las conexiones cerebrales”, explica.

“Si bien se nutre de varias cosas, una muy importante es el nivel educativo”, enfatiza.

Según Crivelli, el artículo busca fomentar la investigación para que se incorporen y discutan factores específicos de género como también políticas públicas que desarrollen una capacidad diferenciada y efectiva para la prevención de la demencia que sea sensible a las diferencias de género.

El trabajo como factor protector

El punto anterior se relaciona con otro: el laboral. Tanto las desigualdades en el plano económico que hacen que ellas ganen menos, como el rol de cuidadoras, derivan en que por lo general sean ellas quienes posterguen sus carreras, oficios o tareas laborales ante escenarios como la maternidad.

El Alzheimer es el tipo más común de demencia, y por lo general se empieza a manifestar con pequeños olvidos. Foto Shutterstock.El Alzheimer es el tipo más común de demencia, y por lo general se empieza a manifestar con pequeños olvidos. Foto Shutterstock.

“Hay otro estudio, de 2019, que es interesante porque comprueba que las mujeres que trabajan fuera de casa por un sueldo tienen menor declive de la memoria que aquellas que tienen el trabajo no remunerado”, es decir, el vinculado a las tareas de cuidado y del hogar.

En este sentido, Crivelli apunta que “a nivel de protección y de la salud cerebral” no tiene el mismo efecto estar en casa que trabajar por un sueldo, “es mucho más nutritivo para tu cerebro tener un trabajo formal, con un sueldo, con interacción social, con exigencias de formación (incluso de un oficio), que trabajar en tu casa cuidando a los chicos o cuidando a tu mamá con Alzheimer”.

Medidas de prevención

Ahora bien ¿Qué se podría hacer para que en las mujeres disminuya este factor de riesgo, siendo una problemática tan amplia que abarca tantas cuestiones?

“Para empezar, cualquier programa de prevención debería tener un foco en el reclutamiento y la convocatoria hacia mujeres, en Fleni tenemos uno que se llama LatAm Fingers, que actúa sobre 5 factores de riesgo: sobre la estimulación cognitiva, el ejercicio físico, el control de los factores de riesgo cardiovasculares, la nutrición y la socialización”, precisa.

El programa replica el estudio Fingers, que en Finlandia logró prevenir el Alzheimer un 30%, “y es más eficaz que cualquier droga que haya hoy en el mercado”.

Para empezar a cambiar las cosas, según Crivelli, es clave que “estos programas de prevención estén dirigidos a las mujeres y empezar a trabajar sobre el rol que socialmente le asignamos a las mujeres en nuestro país: el rol de cuidadoras, de personas que sacrifican su propia educación para tener hijos”.

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