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Notas Ártika – Dr. Vidal Oliver: “La abogacía no se aprende en la facultad, se aprende en la calle, se aprende en el pasillo, en el mostrador”

Desde FM Ártika entrevistamos al abogado Luis Vidal Oliver, quien compartió sus reflexiones sobre su larga trayectoria de más de tres décadas en la profesión, el arte de la abogacía y los desafíos que la atraviesan. En el Día del Abogado, la charla abordó desde los inicios de su vocación hasta el impacto de los cambios tecnológicos y las experiencias más significativas de su carrera.

La historia del Dr. Vidal Oliver es singular. Antes de dedicarse al derecho, trabajó como técnico radiólogo en una obra social de la fábrica FIAT. Fue su afiliación a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) lo que despertó su interés por el derecho laboral y las cuestiones que conciernen a trabajadores y empleadores. “Después de algunos años de pasarlos así ahí, dije, bueno, la verdad es que tendría que estudiar mejor esto de las leyes. Empecé grande, me recibí cuando tenía unos 34 años, más o menos, pero no tardé mucho tampoco, 5 años creo que tardé”.

A pesar de sus dudas iniciales, la abogacía terminó por atraparlo por completo. La distinción que hace entre Derecho y abogacía es clave para entender su pasión. “Cuando uno estudia en la facultad, estudia Derecho, una ciencia. La abogacía es otra cosa, la abogacía es un arte, y es un arte que no se aprende en la facultad, se aprende en la calle, se aprende en el pasillo, en el mostrador, en el escritorio, en la empatía del cliente o hacia el cliente”.

A lo largo de su carrera, ha enfrentado casos que no siempre prosperan, una realidad con la que los abogados deben lidiar. En este sentido, brindó un consejo fundamental a los potenciales clientes: “Si usted va a un abogado y el abogado le dice, ‘mire, este juicio ya está ganado’, ¿sabe qué?, agarre los papeles, corra tan rápido como pueda y tan lejos como pueda”. Esta visión realista nace de la experiencia, ya que un buen abogado no solo debe dominar la ley, sino también anticipar los problemas que puedan surgir en el proceso.

Sobre la tecnología y la inteligencia artificial, el Dr. Vidal Oliver se mostró optimista, pero cauteloso. Considera que, como toda herramienta, debe ser manejada con cuidado. “La inteligencia artificial no va a poder reemplazar a un abogado, olvídense de él. Porque necesita imprescindiblemente el componente humano. No necesariamente racional, la abogacía no es siempre racional”, sostuvo. A su juicio, el factor humano es lo que permite al abogado pararse “frente a los tanques de una dictadura, por ejemplo, con un librito en la mano que dice constitución nacional”, un acto que no es puramente racional.

El Dr. Vidal Oliver recordó su rol como conjuez federal durante el “Corralito”, una de las experiencias más interesantes de su carrera. Sin haber litigado a favor o en contra de los bancos, fue designado para arbitrar casos complejos. “Tuve que actuar yo en el Corralito”. En ese contexto, tuvo que trazar una línea divisoria para diferenciar los casos según la urgencia, priorizando a los “jubilados que habían atesorado 10.000 dólares con el esfuerzo de toda la vida” por sobre empresas con otros medios.

el Dr. Vidal Oliver  también habló de las experiencias amargas, que no siempre provienen de una derrota judicial, sino de situaciones que reflejan las falencias del sistema. Un ejemplo claro es la frase “te despido y haceme juicio”, que él describe como “la confesión de un hecho ilícito”, que convierte al sistema judicial en un “sistema de financiación de obligación” en lugar de uno de administración de justicia.

El Dr. Vidal Oliver también compartió una reflexión personal sobre el balance entre lo profesional y lo humano. A veces un abogado debe actuar como un “85% psicólogo o sanador místico” y solo un “15% abogado”, un rasgo particularmente presente en el derecho de familia. Insistió en la importancia de mantener la objetividad y no “hacer tuyo el problema” del cliente para poder dar un buen servicio profesional.

El Dr.Vidal Oliver destacó la necesidad de los profesionales de ejercer la doctrina del lenguaje claro, una práctica que busca hacer la comunicación jurídica más accesible. Explicó que “a los abogados no se nos entiende nada” porque usan un lenguaje técnico que confunde a la gente. Con un ejemplo sobre la palabra “repetir” (que para un abogado significa recuperar), subrayó la importancia de hablar de manera sencilla para que el cliente pueda entender.

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