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viernes, mayo 24, 2024
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Un año de guerra en Ucrania: ambos bandos redoblan su ofensiva y no hay señales de un final cercano

Moscú y Kiev se preparan para un conflicto largo y buscan reforzar sus tropas y armamento. ¿Qué se espera para los próximos meses?

El primer aniversario de la invasión rusa a Ucrania se celebra con todos los actores de la guerra haciendo preparativos bélicos. En las condiciones actuales a ningún protagonista de esta nueva tragedia europea se le ocurre planificar la paz. Están en marcha dos ofensivas contrapuestas.

Una inmediata de los rusos promovida por el mismo Vladimir Putin, que hace más de dos meses ordenó que para marzo se debía completar la ocupación de la región del Donbas, en el este, la más rica de Ucrania y fronteriza con Rusia, que contiene a las dos pequeñas repúblicas prorrusas de Donetsk y Lugansk, incorporadas ya a la madre patria “para siempre”.

Los rusos están a la ofensiva para ocupar la ciudad de Bajmut, en una serie continua de batallas sangrientas. Pero hasta ahora ha logrado ocupar solo la mitad de la región del Donbas.

La conquista de la región le permitiría al presidente ruso cantar la victoria que hasta ahora no ha logrado en su año de invasión, en el que erró casi todos los cálculos estratégicos y debe salir como sea del atolladero.

Fuego en un edificio de viviendas tras un ataque ruso cerca de Bajmut, en la región de Donetsk, este martes. Foto: EFEFuego en un edificio de viviendas tras un ataque ruso cerca de Bajmut, en la región de Donetsk, este martes. Foto: EFE

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La ofensiva de Ucrania

La otra ofensiva es la de los ucranianos, prevista para abril, condicionada por el arribo de los nuevos armamentos prometidos por EEUU, los 27 países europeos, Canadá y Australia que con tanques y blindados ultramodernos, nuevos sistemas de misiles y antimisiles, helicópteros especiales y otros ingenios, deberían favorecer un vuelco fatal para los rusos.

Esta ofensiva es por sus características un gran enigma. El esfuerzo para hacer llegar los indispensables nuevos armamentos a Ucrania y asegurar un adiestramiento complejo de los militares y técnicos locales, más el arribo de oleadas de municiones para sostener los campos de batallas, detener los avances rusos y avanzar, supone casi un milagro de eficiencia y coordinación.

Los ucranianos han demostrado que son capaces de hacerlo.

Los planes de los aliados son muy ambiciosos. Al parecer la ofensiva de primavera, como la llaman, no se concentraría en el este, en el Donbas, sino que apuntaría a atacar a los rusos en el verdadero corazón de su dispositivo estratégico, que se define en un solo nombre: Crimea.

Los rusos reconquistaron Crimea en 2014, echando las bases de la guerra de hoy. Fue una gran maniobra de Vladimir Putin. La península que alberga la gran base naval rusa de Sebastopol, que le asegura el dominio del mar Negro, pertenecía a Ucrania, que se había proclamado independiente tras la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Un hospital dañado tras un bombardeo de Rusia en Mariupol, en una imagen de 2022. Foto: APUn hospital dañado tras un bombardeo de Rusia en Mariupol, en una imagen de 2022. Foto: AP

Para las ambiciones rusas de superpotencia era vital recuperarla y lo lograron postergando un conflicto bélico que la ambición desmedida de Putin revivió hace un año con la invasión.

El riesgo de una escalada devastadora

Apuntar a Crimea en la más grande ofensiva de la guerra significa retar a Rusia abiertamente. Los preparativos bélicos dominan estos días previos al aniversario, el viernes próximo, del 24 de febrero de 2022. Si tienen éxito, la guerra se pondrá al rojo vivo y Putin pondrá sobre la mesa nuevas amenazas de que reaccionará disparando con misiles hipersónicos cargas atómicas de potencia reducida pero de impacto devastador que pondrán al mundo más al borde que nunca de una Tercera Guerra Mundial.

Ya hoy hay vientos en esa dirección. La OTAN y EE.UU. insisten en que no están en guerra con Rusia, pero la realidad va desmintiendo inexorablemente estas declaraciones. Es la alianza militar atlántica la encargada de recolectar con urgencia los nuevos armamentos imprescindibles para sostener a los ucranianos. Y la nueva fase pone frente a frente a Rusia con EE.UU. y sus socios de la alianza militar atlántica.

Para salvar a Ucrania de la derrota frente a Rusia es necesario dotarla de un salto tecnológico gigantesco en armamentos que exigen un intenso adiestramiento de miles de militares y que incluye hasta cazas y bombarderos. Basta citar la magnitud del esfuerzo para comprender cómo inevitablemente obliga a una escala militar tan riesgosa entre Occidente y Rusia.

La presencia en Kiev, este lunes, y en Polonia este martes del presidente norteamericano John Biden es otro paso concreto de EE.UU. para involucrarse en la guerra. Polonia es el país de la OTAN que más se está rearmando y que más auspicia la linea dura contra los rusos.

Además Biden tenía previsto entrevistarse en la capital polaca con el grupo de países ex miembros del Pacto de Varsovia de la era comunista, que forman el núcleo de defensa del flanco oriental de la alianza atlántica de cara a los rusos.

El primer ministro alemán Olaf Scholz dijo: “Debemos prepararnos para un largo conflicto”. Nadie lo desmintió.

Juegos peligrosos

El problema es que está a la vista que la guerra se profundiza y se extiende. Rusia ha mandado una docena de naves de guerra al Mediterráneo y otros barcos equipados con armas nucleares al mar Báltico. Aviones rusos tantean las defensas de la OTAN en profundidad. El incidente más reciente obligó a poner en alerta y hacer volar a los cazas de tres o cuatro países de la OTAN que vigilan los cielos de Polonia y Rumania.

Estos juegos son peligrosos porque cualquier chispa puede provocar una crisis militar seria. Los rusos lo saben pero están interesados en impresionar a los europeos y aumentar el número ya consistente de ciudadanos que en las encuestas responden que es mejor no mandar más ayuda militar a Ucrania para no provocar la ira atómica de los rusos.

El escenario es de rearme generalizado. Todos los países europeos están ampliando sus presupuestos bélicos y comienzan a afrontar abiertamente programas de movilización civil y militar para fortalecer sus defensas.

Europa está pagando un alto precio económico por el conflicto, pero no hay modo ya de echarse atrás.

Suecia y Finlandia han pedido ingresar a la OTAN, lo que representa un duro golpe estratégico para Rusia. Empedernidos neutrales durante decenios, la invasión de Ucrania los convenció de que solo bajo el paraguas nuclear de la alianza atlántica están protegidos de las amenazas rusas.

El daño estratégico que sufren los rusos por su propia culpa es enorme, porque si Suecia y Finlandia entran a la OTAN convierten al mar Báltico en un lago de la alianza atlántica. Hasta ahora los rusos han reaccionado enviando naves con misiles atómicos en patrulla, lo que no hacían desde hace treinta años.

De todas maneras el gran paso de Suecia y Finlandia refuerza la realidad de paz armada que va ganando a Europa, llenándola de nervios.

Los estrategas occidentales destacan que Rusia se está reservando un arma crucial en la guerra que puede desenvainar en cualquier momento: la aviación.

Hasta ahora, en la gran base rusa de Tarangog, vecina al Donbas, y en los otros aeropuertos militares que apoyan la primera línea en territorio ucraniano, no se advierte una mayor concentración de aviones de combate.

La aviación rusa se ha demostrado casi ausente. Hay quienes lo atribuyen a carencias en la preparación de los pilotos y bombas de precisión. Se cree que hay otro factor y es la voluntad del Kremlin de mantener de reserva las armas más modernas para una eventual escalada de la guerra.

Se estima que los rusos podrían disponer de 1.500 cazas y bombarderos para utilizar en una ofensiva masiva.

El secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, advirtió: “Sabemos que tienen una fuerte capacidad en este sector y la defensa contra aérea ucraniana no es suficiente”.

La aviación de Ucrania ha sufrido fuertes pérdidas y tanto el presidente Zelenski como los jefes militares ucranianos urgen ante los aliados reclamando el envío urgente de aviones de combate.

En el reciente encuentro entre Zelenski y el primer ministro británico Rishi Sunak en Londres, la cuestión estuvo sobre la mesa. Los ingleses prometieron actuar de inmediato pero advirtieron sobre las dificultades. Es necesario elegir los modelos y enviar los aviones a Ucrania.

Entrenamiento militar

El capítulo más complejo es el del adiestramiento. Obliga a enviar un número consistente de instructores para el manejo del material. Los pilotos serán adiestrados en territorio británico, pero también es necesaria la presencia de militares ingleses en Ucrania.

El tiempo apremia pero se estima en al menos seis meses el lapso necesario para lograr que vuelen los primeros aparatos con bandera y pilotos ucranianos.

Estados Unidos aparece reacio a suministrar aviones por el riesgo de que ataques que involucren territorio ruso lleve a una rápida escalada de la guerra. Fuera de los británicos, Francia, Canadá, Alemania y otros países que podrían suministrar fuerza aérea hasta ahora no han respondido a los urgentes pedidos ucranianos.

Los rusos no duermen. En febrero se registraron raids aéreos de la caza rusa con misiles teleguiados contra objetivos identificados como depósitos de municiones en lugares estratégicos.

Los rusos han aumentado el lanzamiento desde aviones de misiles Krypton que detectan los radares ucranios y siguen los impulsos hasta destruirlos.

Hasta que no lleguen los nuevos armamentos, los bombarderos rusos contarán con la ventaja, en la inminente ofensiva, de castigar a los ucranianos en el Donbas y otras regiones desde altas alturas.

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